Soy un joven periodista que decidió dejar su trabajo estable en los medios de comunicación, en búsqueda de cumplir su sueño de dar la vuelta al mundo. Todas mis experiencias son difundidas mediante textos e imágenes que cuentan con una perspectiva propia.

 

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© 2016 por Danel Ayesta. Producida con Sueñosdemochila.com

El Quilotoa, de las lagunas más bellas del mundo

A 165 kilómetros de Quito, el imponente espejo de agua clara trae a diario a centenares de turistas. Si bien se trata de una comunidad con elevados precios, en el siguiente artículo mostraré cómo hacerlo de la manera más económica.

 

 

 

Nos alejábamos de Quevedo junto a dos colegas argentinos tras una excelente parada mediante Couchsurfing. Íbamos por dos días, pero nos terminamos quedando cinco, suficientes para reponer energías y encarar con fuerzas y optimismo parte de la sierra ecuatoriana.

 

Si bien hay varios destinos interesantes, en esta ocasión la nota hace mención a un atractivo que cumple con los requisitos fundamentales que todo mochilero bajo presupuesto busca. Fuimos a Quilotoa, una pequeña comunidad que tiene al turismo como principal sustento económico, con precios un tanto elevados que reduciremos de forma notoria en este artículo.

 

 

 

Esta vez fuimos tres jóvenes los que hicimos AutoStop con resultados sorprendentes – excelentes promedios en Ecuador -. No pasaron cinco minutos para que en la urbanizada Quevedo un vehículo nos saque 8 kilómetros. Luego vino una rápida sucesión que completaron los 80 restantes. En primera instancia nos dejaron en La Maná, parada que aprovechamos para proveernos de insumos. Acto seguido, dos mujeres nos alcanzaron hacia un cruce distante a 13 kilómetros. Caminamos 6 cuadras hasta Zumbahua, en dirección al lugar previsto, en donde comimos comida callejera abundante por 1 dólar. El pueblo puede resultar una buena base para abaratar costos en todos los servicios.

 

 

 

A partir de esa zona, el tránsito vehicular estaba en casi su totalidad destinado a transporte de pasajeros, por lo cual resultaba más complicado obtener un viaje gratis. El precio que manejaban era de 1 dólar por persona, pero logramos viajar en una caja por la misma tarifa aunque dividida entre 3. Con paciencia de seguro se puede acceder a algún camión, pero era tarde y pretendíamos llegar para acampar.

 

La lluvia y el frío nos perseguían, resultaban penetrantes. Por suerte veníamos de días con mucha comodidad y estábamos dispuestos a continuar. Ni bien llegamos, nos encontramos con una valla en donde cobran la entrada para ingresar al pueblo y posteriormente a la laguna. El costo es de 2 dólares por persona, pero hay mucha flexibilidad para ofrecer cualquier número de forma simbólica. De hecho, están predispuestos a dejarte pasar gratis. Particularmente, insisto para no pagar, con buenos resultados, pero a cambio difundo el sitio desde mi perspectiva, basándome en fuentes del lugar y experiencias propias.

 

 

 

Alrededor de las 16 horas iniciamos el trekking que de entrada, en la primera curva, incentiva a seguir con uno de los mejores panoramas del lago. El sendero más utilizado te lleva hacia la costa del lago tras 25 minutos de caminata. Allí hay baños y una pequeña tienda que funcionan de 9 a 17 horas. Además, en las inmediaciones se ubica un precario alojamiento que cuenta con cocina y el costo es de 16 dólares. En nuestro caso, optamos por acampar bajo un techo tras un fallido fogón producto de la escasa leña.

 

La primera noche fue muy fría, pero medianamente contamos con buen equipo así que pudimos sobrellevarla. Por suerte, de mañana salió el sol y pudimos ver a la laguna en su máximo esplendor. Su color varía dependiendo el movimiento de las nubes, pero la tendencia de las aguas provenientes de un volcán es el verde claro. Un hermoso muelle, recientemente construido, se presenta ideal para sentarse a observar el entorno.

 

 

 

Había hambre, así que dolorosamente compramos pequeñas galletitas por 75 céntimos de dólar y recogimos ramita por ramita hasta juntar la cantidad necesaria para hacer unos fideos. Por suerte, tanto mis compañeros como yo siempre estamos con la alarma prendida hacia cualquier situación solidaria que pueda presentarse. Un señor de la comunidad nos invitó a cocinar en su casa y nos terminó regalando pan, maíz tostado, queso y café. Antes, un chico de Vietnam, otro de Estados Unidos y una alemana, se sumaron al limitado fogón, en un contexto festivo de guitarreada, que tuvo como protagonista a un hombre que trabajaba trasladando turistas con su caballo.

 

De pronto el cielo se puso gris y empezó a caer granizo de forma intensa, desalentándonos a dar la vuelta al lago, uno de los paseos obligatorios que al otro día íbamos a desarrollar luego de, nuevamente, una fría noche acompañados por un amiguero joven de Korea que arrojaba su camping cansado tras rodear el hermoso espejo de agua.

 

 

 

Así como la bajada duró 25 minutos, la subida demandó seis veces más. Los cuatro mil metros de altura pesaron, sumado a los 15 a 20 kilos de peso en la mochila. Una experiencia que muchas veces termina con el alquiler de un caballo por la suma de 10 verdes y una reducción de tiempo a 45 minutos. Fue duro pero a nuestro ritmo finalmente pudimos llegar a informes, lugar que utilizamos como base para dejar nuestras cosas y emprender livianitos la vuelta a la laguna.

 

Para dejar el equipaje el costo es de 50 centavos o 3 por 1 dólar en nuestro caso. Allí se puede solicitar información de diversos paseos y servicios con sus correspondientes costos. Además, pueden recargar los equipos electrónicos y resguardarse del frío por algunos instantes hasta emprender una nueva experiencia que se puede desarrollar entre 3 o 5 horas, dependiendo el ritmo y las ganas de quedarse en los miradores que ofrece el paseo en altura por los alrededores de la laguna.

 

Lo hicimos en cinco, a bajo ritmo, especialmente el mío. Aproveché para sacar fotos de todos los ángulos y nutrir mi alma mochilera. En el camino hay dos pequeños puestitos que ofrecen bebidas desde 1 dólar, cuya oferta es conveniente adquirirla en el pueblo por un costo bastante menor.

 

 

 

Realmente quedamos maravillados con la caminata, sumándole a la experiencia una escasa fauna, la vista de un volcán y hasta un manto de nubes por debajo de picos montañosos. Un poco cansados pero satisfechos, fuimos finalizamos la travesía y buscamos para comer. Apareció en la entrada un humilde comercio, cuyo plato degustado fue un papi pollo por 1.75 dólar, precio oficial que sube hasta 2.25 para los extranjeros. Siempre es interesantes consultar el valor para ciudadano local y exigir con cordura esa tarifa.

 

Bastante abundante al igual que el canelón, bebida tradicional, que nos invitaron a degustar. Caminábamos con la guitarra rumbo a un sector para acampar, cuando un joven de la comunidad nos llamó para tocar en su casa. Fue así que en un ambiente de camaradería empezó la música tradicional, ante la mirada de turistas europeos.

 

Seguimos bebiendo hasta la medianoche, momento en el cual se dio por finalizada la jornada. Un momento único, que se consigue bajo esta modalidad de viaje, alejado de los parámetros habituales de hospedajes e itinerarios marcados. Dejarlo fluir, darle lugar a la incertidumbre, resulta generando grandes momentos que dan pie a un relato más nutrido, poco convencional en cualquier revista de turismo.

 

 

 

CÓMO LLEGAR

 

Desde Quito se debe hacer trasbordo en Latacunga, tras recorrer 107 kilómetros por un precio estimativo de 2,5 dólares. Luego, se debe adquirir otro servicio de 2 dólares hasta Zambahua. En los 13 kilómetros restantes, empieza la tarifa desprolija en camioneta que puede variar entre los 30 céntimos y 1 dólar por persona.

 

INFORMES

 

Hay una oficina en donde se puede adquirir folletería, atendida muy gentilmente por gente de la comunidad. Allí se puede también cargar los equipos electrónicos y utilizar wi fi. Están predispuestos a dar la contraseña siempre y cuando no sea un uso prolongado. Recuerden que generalmente en las oficinas de informes tratan de sacar el mayor provecho posible, por lo cual puede que algunas informaciones sean inexactas para evitar el camino económico.

 

SERVICIOS Y COSTOS EN QUILOTOA

 

*Kayak: Se hacen paseos desde la orilla de la laguna a partir de 6 dólares por persona, base doble, por media hora de tiempo.

Caballos / Mulas: Muchas personas utilizan el servicio a la hora de subir por el sendero. Es muy pronunciada ascenso y ahí están expectantes hombres y mujeres de la comunidad para trasladarte. El costo es de 10 dólares por 45 minutos.

 

Alojamientos: Varían desde los 15 a 35 dólares. La mayoría están anexados con un restaurante y el precio incluye las comidas. Hemos escuchado a 15 con desayuno y almuerzo incluido, pero puede estar sujeto a modificación.

 

Bicicletas: Desde la agencia de turismo se contratan paseos en bicicleta a 35 dólares que incluyen guía y las comidas del día. Dependiendo la época del año, también incluye el alojamiento.

 

Gastronomía: Los precios varían entre los 3 y 15 dólares, si bien puede adquirirse a la entrada de la comunidad algo de comida callejera por alrededor de 2.

 

Artesanía: Entre varias presentaciones, se destacan máscaras con pinturas artesanales que retratan diferentes expresiones ancestrales. El pueblo es muy

pintoresco y con gran cantidad de galerías para visitar.

 

RECOMENDACIONES

 

Trekking: Se debe llevar ropa cómoda y mucho abrigo. El clima varía constantemente. En el muelle, a la vera del lago, hay agua potable, mientras que en el paseo de entre 3 y 5 horas por los alrededores del espejo de agua es indispensable llevar agua. Puede que haya algún puestito con precios un tanto elevados.

 

Camping: Realmente hace mucho frío por la noche. Se precisa de excelente equipo para no sufrir en las jornadas nocturnas y algún calentador o bien llevar leña para hacer un fuego. Hay espacios predeterminados para fogones, pero resulta difícil conseguir leña ante la sequía que presenta el entorno montañoso. Hay que llevarse todo, en resumen. Los servicios mínimos – pequeña tienda y el baño – funcionan de 9 a 17 horas.

 

POLÉMICA POR EL PAGO DE ENTRADA

 

Una vez llegado al pueblo, sin decir hola piden 2 dólares para ingresar a la laguna. Hablando con gente del ministerio de Medio Ambiente, señalaron que Quilotoa es un área protegida. En Ecuador, todos estos espacios son libre y gratuitos, por lo cual generalmente hay una confrontación por el cobro de esta tarifa. Lo que te están cobran es el hecho de poder circular por la comunidad.

 

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