Soy un joven periodista que decidió dejar su trabajo estable en los medios de comunicación, en búsqueda de cumplir su sueño de dar la vuelta al mundo. Todas mis experiencias son difundidas mediante textos e imágenes que cuentan con una perspectiva propia.

 

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Acerca de mí

© 2016 por Danel Ayesta. Producida con Sueñosdemochila.com

“Ya vengo, me voy buscar historias"

 

Me resulta muy molesto estar tantas horas detrás de una computadora; lo que me cuesta en ciertas etapas del viaje dejarla por unos días, con notas programadas a temporal, y deambular por ahí. La realidad marca que es un buen momento para estar pendiente y fortalecer el proyecto “Sueños de Mochila”, de mucha ayuda hoy en día para hacer contactos, con el apoyo de otros medios amigos.

 

 

 

Me levanté temprano para trabajar en la futura web y decidí, antes del mediodía, salir a pasear por una serie de pueblos que hay en el transcurso de 18 kilómetros, increíblemente poco valorizados por la gente local. “Me voy a buscar historias, esta noche la seguimos”, le dije a una gran amiga vía chat, una fuente de consulta en muchos de los artículos.

 

Las historias aparecieron, como siempre, moneda corriente a esta altura. Antes de dedicarme a la comunicación, me preguntaba cómo hacían los periodista para sacar tantas historias y notas a diario. Luego, con el tiempo, fui desarrollando un ojo y una pasión por la escritura que me permiten respetar esta iniciativa de 365 informes – transmitiendo mensajes con mi sello -, en 365 días.

 

 

 

 

Salí de Yumbo a las 11 horas (Colombia), en dirección a La Cumbre y desde el primer instante empezaron a registrarse buenas acciones. Quince minutos bastaron para que me corra a otro sitio e insistir con el AutoStop. Por suerte encontré un mejor lugar y al instante un vehículo paró a recogerme. “Mi esposa me dijo que le pare a ese hippie”, dijo el conductor, comentario que me generó gracia.

 

Les conté brevemente mi proyecto – no era mucho el trayecto – y no dudaron en invitarme a comer, junto a su pequeño hijito, a la casa de familiares en una vereda llamada, si mal no recuerdo, Santa Ines. Comí la mejor sopa de espinaca de mi vida, acompañada por un segundito también muy chévere. Luego Juan Carlos, el dueño del coche, me mostró algunos cultivos de la familia y me habló de un sector del monte que se asemejaba al rostro de un indio. Lo fuimos a ver y, con mucha imaginación, pude detectarlo!

 

 

 

Con una naranja de regalo en el bolsillo y a una hora de distancia con respecto al destino previsto, empecé a caminar para desacelerar aún más la ansiedad, la salida del estado zen, que me venía provocando la compu. “Se resuelve caminando”, dijo un historiador británico, Patrick Michael Leigh Fermor, y créanme que hay mucho de verdad.

 

Fueron alrededor de 3 kilómetros hasta que nuevamente jalé dedo y fue una bioquímica que respondió favorablemente a mi pedido. Me dejó en La Cumbre y coordiné para volver con ella misma, en dirección a mi base en Yumbo, dos horas posteriores.

 

Visité un sitio utilizado por los caleños para escaparle a la monotonía de la ciudad, que cuenta con interesantes paisajes y una caminata por las vías hacia una respetable cascada. Allí, conocí por primera vez a las brujitas, un medio de transporte preparado especialmente para que ruede por las vías, en este caso impulsado por algún vecino desde una patineta. En otros sectores, tengo entendido que lo arrastran con motocicletas.

 

A la vuelta, la conductora me habló un poco de su vida. Me dijo que era profesora universitaria y que tenía la intención de ir a Corrientes (Argentina) y contactar a un médico conocido con la búsqueda de especializarse en medicina alternativa. “Él prepara los antibiótico en relación a la situación personal del paciente. Aquí las droguerías y médicos se manejan muy diferentes”, explicó.

 

 

Le hablé sobre mi experiencia en la comunidad Shuar y sobre el evento de Educación Libre, Salud Natural y Permacultural que cubrí. La mujer volvió a contribuir en la charla haciendo referencia a los trasfondos en la industria farmacéutica. Hablamos del cáncer, me dijo que la mayoría de los profesionales van prendidos al negocio cuando “no hay nada que hacer” y que los pacientes deberían esquivar la quimioterapia. “Lo mejor es visitar a algún taita, acudir a la medicina natural, y por lo menos morir en paz. No sufriendo e invirtiendo millones de pesos colombianos en tratamientos incurables”, concluyó la especialista.

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