Soy un joven periodista que decidió dejar su trabajo estable en los medios de comunicación, en búsqueda de cumplir su sueño de dar la vuelta al mundo. Todas mis experiencias son difundidas mediante textos e imágenes que cuentan con una perspectiva propia.

 

Leer más

Acerca de mí

© 2016 por Danel Ayesta. Producida con Sueñosdemochila.com

“Me tapo para evitar que a mi hijo lo carguen en el colegio”

En Bolivia, una gran cantidad de niños y mayores se ganan la vida lustrando botas. Casi el 95% realiza la labor tapado con un pasamontañas, con el objetivo de preservar su imagen por un doloroso y repudiado motivo: “Lustrar botas es la actividad más deshonrosa, que conlleva un montón de problemas”, aseguran.

 

 

 

En la Plaza San Francisco de La Paz, Bolivia, desestimaba las recomendaciones de colegas mochileros y decidía parchar con mis postales. En mis alrededores, una gran cantidad de turistas y lustrabotas que constantemente buscaban zapatos para ofrecer sus servicios. La jornada era larga y pocos curiosos se acercaban a mi posición, lo cual no me desanimaba.

 

Aprovechaba las horas libres para dialogar con las vendedoras ambulantes, algún que otro músico callejero hasta que me animé a evacuar la gran duda. “Maestro, ¿por qué cuando desarrollan su labor lo hacen con la cara tapada”, disparé hacia un joven lustrabotas cuando entendí que no significaba una molestia para ellos.

 

Me dijo que era para protegerse de una posible intoxicación, lo cual recogí en primera instancia pero con muchas dudas. Un día posterior, subí a la zona de “El Alto”, en donde funciona la feria más grande de Sudamérica.  Allí compré unas botas usadas, punta de acero, origen alemán, a tan solo 8 dólares. Muy seductoras para cualquier hombre de la calle con ganas de dejarlas impecables.

 

 

 

Los terribles zapatotes me abrieron nuevas puertas. Se me acercaban con frecuencia a ofrecerme el servicio de limpiarlas. Realmente no estaba interesado en la propuesta, pero veía a mi pie como una nueva herramienta de acercamiento. Nuevamente, insistí: “Maestro, ¿por qué se tapan a la hora de trabajar?”. Llegó la respuesta que sospechaba: “En Bolivia el lustrabotas sufre de discriminación. Lo sufren los que ejercen y también es un sufrimiento para la familia”, aseguró un hombre, cuyo nombre no recuerdo.

 

Ese comentario fue disparador para enterarme de muchas cosas. Algunas personas alimentan misteriosamente a su familia. “Salen a trabajar, llevan la comida, pero no dicen cómo la consiguen por miedo a ser vistos como inferiores”, me dijo un muchacho, liberado, destapado, la gran excepción entre tantos, que a diario dejan el alma para llevarse entre 30 y 40 bolivianos (7 a 8 dólares, en un país en donde el sueldo mínimo es de 172 verdes).

 

 

 

ALTERNATIVA DE INSERCIÓN

 

Con el objetivo de romper con prejuicios y darles a los trabajadores callejeros otra salida laboral que les permita adquirir un sueldo más digno, funciona la fundación “Vamos Juntos”, cuya dirección está a cargo de Ruth Overberck de Sumi. Desde una agencia de tours, se les ofrece a los turistas tener una guiada diferente, desde la perspectiva de un lustrabotas que todos los días se empapa de la cultura de la calle.

 

“El objetivo del turismo social es cambiar la autoestima de los lustracalzados y la imagen que se tiene de ellos“. “Se tapan la cara porque no quieren ser reconocidos, tienen miedo que puedan ser tratados mal por el hecho de ser lustracalzados“, afirma Overbeck, en diferentes entrevistas que le han realizado, cuya oficina cobra unos 17 dólares por persona para realizar el circuito turístico. Buena parte de ese dinero se destina a talleres de formación para los lustrabotas y a un programa de ayuda económica para el caso de enfermedades u otras necesidades de estos trabajadores de la calle

 

Con total naturalidad, simpleza, al finalizar el paseo de 3 horas Ruth suele consultar “¿Tuvieron miedo de los lustrabotas con pasamontañas?”. Fortuitamente, suele haber unanimidad de conformismo en la gente.

 

 

 

HORMIGÓN ARMADO, EL DIARIO DE LOS LUSTRABOTAS

 

“El Hormigón Armado trabaja desde el 2005 con la niñez y juventud trabajadora y de la calle de La Paz, Bolivia. Nuestro enfoque particular es en la/os lustrabotas, una población particularmente marginada. Actualmente trabajamos con 60 lustrabotas y sus familias inmediatas sumando casi 200 beneficiarios directos. Parte de la economía informal, la actividad no está protegida por leyes de trabajo, muchos son menores de edad, con bajos niveles de educación y vive en la pobreza con un importante segmento sin hogar.

 

El Hormigón Armado trabaja para defender y resaltar la dignidad del oficio de lustrar zapatos e instar a la sociedad hacia la solidaridad. Destacamos y trabajamos por la urgente necesidad de proteger a los niños, niñas y adolescentes trabajadores de los peligros que pueden convertir el trabajo en explotación o que sea negativos para su desarrollo adecuado.  Nuestra interacción con los beneficiarios tiene como objetivo principal reforzar su autoestima y las herramientas necesarias para alcanzar sus objetivos y aspiraciones personales.”

 

 

 



 

 

 

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Compartir en Linkenid
Compartir en Pinterest
Compartir en Google+
Please reload

También pueden visitar ...

Ingles para viajar, consejos y fuentes de consulta

October 25, 2019

Guía para viajar a Marruecos, a dedo y en casas de familia

August 29, 2019

1/15
Please reload