Soy un joven periodista que decidió dejar su trabajo estable en los medios de comunicación, en búsqueda de cumplir su sueño de dar la vuelta al mundo. Todas mis experiencias son difundidas mediante textos e imágenes que cuentan con una perspectiva propia.

 

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Acerca de mí

© 2016 por Danel Ayesta. Producida con Sueñosdemochila.com

La Guajira y un paso de película

 

Antes de ingresar a Venezuela, varios colegas me recomendaron esconder el dinero y toda pertenencia considerada de valor. Lo tomé muy enserio y preparé un plan estratégico de división del dinero, posturas, formas de hablar. Toda una teatralización, poneeeele. Sospeché que esa preparación iba a ser en vano, como sucede muchas veces, pero finalmente estuve acertado.

 

Una ansiada mañana. A las 6 estaba arriba con ganas de dar el paso a Venezuela por un sector “peligroso y de mucha corrupción”. El dueño del hospedaje me ayudó a cambiar un dinero que todavía me quedaba, operación que se registró en la plaza principal de Maicao. Allí varios cambistas trabajan con montañas de Bolívares y en menor medida Dólares y pesos colombianos. “Por suerte extendieron el plazo hasta febrero”, asegura un trabajador aliviado, en referencia al billete de 100 bolívares que en breve será sacado de circulación, según anunció Nicolas Maduro, noticia que momentáneamente declaró a varios cambistas “en banca rota”, panorama que cambió con la extensión del plazo.

 

 

Aumenté los 18 centímetros de fajos y decidí comprar unos pocos dólares, directo a la media, hasta que llegó el turno de partir. Primero fue un dedo de 8 kilómetros hasta un control policial colombiano – sin sobresaltos – y luego una señora con su hijo paró la marcha de su moto para finalmente llevarme a la frontera. Todos conductores venezolanos que se solidarizaron y entendieron mi búsqueda de un aventón.

 

A todo esto el reloj marcaba las 10 y la presión por parte de varios conductores por llevarme directo desde territorio colombiano a Maracaibo era constante. Cobraban 15 mil bolívares (4,5 dólares) e insistían con conocer a los militares. “Yo te paso los controles”, como dando por sentado que llevaba algo ilegal. “Maestro, de todas maneras no estoy haciendo nada malo, así que no debería haber problema”, afirmé en el círculo de propuestas. El semicírculo se transformó en círculo. Más tiempo te quedabas quieto, más te rodeaban y presionaban.

 

Finalmente fui por el viaje de 4 mil bolívares (1, 3 dólar). Hice los trámites, con alguna chicana mínima por parte de la guardia venezolana, y me subí a una motocicleta por 2 mil con el objetivo de que me saque y poder continuar con el dedo. Me sentía un poco inseguro, sensaciones que difícilmente alcanzo, y veía como una hazaña hacer AutoStop en ese marco.

 

 
Lo cierto que el traslado en motocicleta con el Gordo Juan, “al que siempre se le queda la moto”, resultó ser una película. Al final los choferes de carros tenían razón: “No te subas en la moto porque no llegas más. Te van a querer  quitar todo”. Un traslado de 15 minutos hasta el punto previsto se registró en 45 minutos.

 

Juan aceleraba la moto en cada control militar. Solo levantaba la mano saludando, como si estuviese todo bien. Pero lejos estuvieron los guardianes del orden de aflojar. Imaginaban dólares, muchos dólares, y la posibilidad de nuevamente obtener alguna “cometa” que mejore su situación. “Cuando yo era sargento en Venezuela, instigábamos y robábamos porque lo que teníamos no nos alcanzaba para vivir”, recordé la frase de un guía turístico en Palomino, Colombia, a través de Vanesa y su pareja que me trasladaron un buen tramo.

 

El sueldo mínimo es de 40 mil bolívares en Venezuela (12 dólares negro) + un bono de 70 mil para adquirir alimentos que están subsidiados por el gobierno, me aseguran las primeras fuentes. Las imágenes de colas que inundan los medios internacionales en sumercados, son familias que buscan estirar su escasa economía. En las calles de Maracaibo se ven todo tipo de productos, pero lamentablemente al alcance de un turista y no de la población local. Por ejemplo, por un paquete de arroz “negro” me pasaron 4 mil – insisto: el sueldo mínimo es de 40 mil  -. Dos papeles higiénicos 500 bolívares, un 2% del sueldo (pronto me explayaré más sobre economía, llevo un día de estadía).

 

 

 

En esta difícil realidad también entran los “servidores del pueblo” que me hicieron pasar malos ratos. En las diversas paradas, hubo todo tipo de comentarios que pude sobrellevar. “Tenes una hermana para que me folle”, me dijo uno y respondí que tenía tres pero que él mismo debía conquistarla, que no era un entregador. “Si queres te paso el Facebook y hablas vos con ella”, agregué. Me preguntaron por Messi, mientras me tocaban el pelo alegando a que me parecía al astro argentino, mientras otro me abría los bolsillos de la mochila y sacaba cosas.

 

“¿Qué es eso?”, preguntaban con cara de malo y respondía: “Son postales y algunas manillas; si quiere agárrese alguna para sus hijos”. Luego llegaron al bolsillo de los anzuelos y si escuchó un ffffffff. “Ojo que hay cosas de pesca”, les adelanté. “¿Y los dólares donde los tenes?”, exclamaron y lancé: “¿dólares? Ojalá, yo vengo a visitar a un amigo a Maracaibo y si tuviese dólares no estaría en esta moto. Hubiera tomado un transporte directo”, concluí.

 

Esas charlas se repitieron y algunos vendedores se complementaron con la policía para hacerme sentir nervioso. Yo trataba de que no miren mi maleta pequeña, en donde llevo mi laptop y cámara. La mantenía apretada contra el conductor e intentaba que agarren siempre la grande. “Sí oficial, mire tranquilo. Lo que si hay ropa sucia nomás y ojo que su compañero se pinchó con uno de mis anzuelos”, dije en otro control, en donde me rompieron dos bolsillos de la parte exterior, en la velocidad por encontrar algo. Pero bueno, me quedé piola, sin decir nada. Estaba de visitante, en una zona media desértica y rodeado de militares.

 

 

 

 

Hasta allí todo bien. Mucha molestia pero siempre safando, hasta el fatídico séptimo control. Allí me vino de prepo un militar con tanta saña que me dejó grabada su cara.  El petacón, de casi 1.70 metros, de cara redonda y baches faciales, directamente apoyó todo el peso de su arma encima mío hasta que de forma muy sigilosa corrió la punta de su “instrumento de trabajo” hasta mi pecho y empujó un poco, dejándome una huella por unos instantes.

 

Se me vino un escalofrío encima. Por primera vez en mi vida sentí la locura de querer cagarme a trompadas con alguien. Quería decirle “milico hijo de puta, la concha de tu madre”. Era un corrupto representando a una fuerza. Pero su irregular accionar hacía que le caiga directamente a toda la cúpula, algo que detesto. Hay militares, médicos, policías buenos y malos. HAY PERSONAS BUENAS Y MALAS.

 

Me mantuve como pude suelto, teatralizando nuevamente, mientras su compañero nueeeevamente miraba los bolsillos. “Mirá que tu colega me rompió dos”, dije con el tono un poco más elevado y enojado. Me sentía fastidiado a esa altura. Por suerte se terminaron los cinco segundos fatídicos de ser apuntado “con sutileza” pero apuntado al fin y la moto continúo con la ruta, esta vez bajo una tenue lluvia que fue intensificándose.

 

Tenían razón, la moto de Juan era un tanto polémica. Tuvimos que parar ante el primer mínimo rocío bajo un techo y en segunda instancia cuando se largó un fuerte chaparrón. PERO LLEGAMOS A LA TERMINAL DE BUSES y fue un alivio. No quería hacer dedo, estaba muy enroscado y pagué 2 mil bolívares más (40 centavos de dólar), para sentirse salvaguardado.

Al principio me sentí inseguro en el bus, pero luego, encontré la gratitud de la gente y rápidamente me di cuenta que las personas venezolana que había cruzado, habían tenido buenos gestos conmigo. Los que me trasladaron a la frontera, el motoquero por lo menos acompañándome en la puteadas y contándole a sus colegas la situación, y luego mi compañera de asiento en el bus que volvía a su pueblo con un paquete de seis rollos de papel higiénico. “ Vengo a buscar lo que necesito aquí y luego me vuelvo a casa”, contó la seño.

 

Al arribar a Maracaibo, todo fue normal. Me sentí muy seguro, tranquilo. No vi nada raro y a las pocas horas coordiné con mi Couchsurfing y ya me encuentro instalado en su hogar, muy cómodo y con ganas de seguir sumando historias, de experimentar #DestinoVenezuela.

 

Estoy seguro que lo mejor está por venir.

 

 

 

TRANQUILO, NO TE ASUSTES

 

Nunca olvides que esto es un relato personal. Siempre digo que lo mejor es basarse en varias fuentes, pero sobre todas las cosas en las experiencias ejecutadas.

Toda esa situación que se registró por el paso de La Guajira, podría haberse evitado quizás si optaba por los vehículos que trasladan de forma directa desde Maicao (Colombia) a Maracaibo (Venezuela) por entre 8 y 15 mil bolívares (EL PRECIO ES 8, PERO JUEGAN CON EL TURISTA). Yo quise economizar y ver más a fondo, por eso tomé la moto.

 

Es recomendable ir bien temprano ya que muchas veces esperan a llenar el vehículo de pasajeros para luego partir. Recientemente, un argentino cruzó de noche como pasajero de estos servicios y fue interceptado por un grupo de maleantes. Le robaron todo al igual que a otros pasajeros. Es una frontera complicada, pero poniendo un dinero más y haciéndola en un horario más acorde, las posibilidades de sufrir algún percance se reducen al mínimo, como en cualquier lado.

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