Soy un joven periodista que decidió dejar su trabajo estable en los medios de comunicación, en búsqueda de cumplir su sueño de dar la vuelta al mundo. Todas mis experiencias son difundidas mediante textos e imágenes que cuentan con una perspectiva propia.

 

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Acerca de mí

© 2016 por Danel Ayesta. Producida con Sueñosdemochila.com

¿Cómo me convertí en viajero?

Pasado, actualidad y futuro. Cómo de un momento a otro me vi con una mochila a cuestas recorriendo el mundo. Una historia que empezó como un escape circunstancial y terminó siendo un estilo de vida.

 

 

Algunos artículos que escribo en mi página o bien reseñas en grupo de mochileros, muchas veces generan un aluvión de comentarios públicos y privados referidos a “¿cómo hacer para viajar por el mundo? Es una pregunta muy difícil de responder. No hay una técnica en particular y para poder adquirir cierta información que sirva a la hora de planear ese cambio de vida, lo mejor es nutrirse de diversas experiencias. Viajar a través de los relatos y mantener la ilusión intacta, siempre, porque aunque te suene descabellado convertirse en viajero es muy posible. Analiza, reflexiona y golpéate la cabeza. Reincidí mucho en el tercer punto y continúo en menor medida. Fue parte del proceso para convertirme en viajero de por vida.

 

HACE NO TANTO TIEMPO ATRÁS

 

 

 

A veces me retrotraigo en el tiempo en búsqueda de respuestas. ¿Cuándo comenzó a gestarse éste Sueños de Mochila? Al día de hoy considero que fue reciente. Que no hubo muchos indicios en la adolescencia. Lejos estaba de agarrar un libro de geografía o deleitarme con National Geographic. El contacto con la naturaleza me gustaba un poco. Mi papá me llevaba a pescar y podía estar mucho tiempo con la caña en la mano esperando el pique. Hoy, con el pulgar arriba esperando que algún vehículo me ayude a avanzar.

 

Más cerca en el tiempo, hace unos cuatro años y en plena crisis existencial, me fui a Bariloche, Villa la Angostura y San Martín de los Andes. Fueron las vacaciones típicas de trabajo, aunque extendidas a 20 días. Recuerdo con mucha emoción ese viaje. Era el primero, en soledad y todo me resultaba excéntrico. Fue muy extraño ver el Rio de la Plata y en dos horas de vuelo – mi primera experiencia – toparme con el Nahuel Huapi.

 

 

 

La pasé muy lindo en ese viaje y resultó el primer indicio. Recuerdo que al volver le dije a mi psicóloga que quería dedicarme a viajar. Que en el hostel me había cruzado a un montón de gringos que lo hacían desde hace muchos años. Qué no sabía cómo iba a juntar tanto dinero – cobraba 5250 pesos por mes como periodista local -, pero que de alguna manera lo iba a lograr.

 

Me gustaba mi trabajo y consideraba tener un futuro prometedor. Crecer en el ámbito. Resultaba descabellada la decisión de dejar todo para emprender una vida nómada, pero fui llevando de a poco. Me escapé todos los fines de semanas largos, cortos, días que me debían y alguna licencia hasta que un día llevé la siguiente duda al consultorio. Le dije a mi terapeuta que estaba viajando demasiado y que había bajado la intensidad en el trabajo. Recuerdo patente que ella abrió los ojos grandes, estiró sus dos manos situándolas en forma paralela y respondió con mucha naturalidad: “¿Cuál es el problema?”. Me resultó más chocante el gesto que las palabras mismas a tal punto que recuerdo la escena. Con el tiempo me enteré que ella había tenido experiencias como viajera. De hecho, recientemente nos comunicamos mediante Whatsapp y andaba por Ásia.

 

 

 

Al poco tiempo dejé el consultorio y empecé a participar en grupos de mochileros. También me sumé a algunos encuentros de AutoStop Argentina. En paralelo, la forma en la cual ejercía mi profesión iba perdiendo encanto. Llegué a una posición que muchos potenciales periodistas desearían a los 23 años, con participación en medios nacionales cubriendo casos de relevancia. Lo cierto es que no era feliz y doy gracias a esas experiencias porque me permitieron ver un poco de “la cocina” de la información. Un empujón para fortalecer mi búsqueda de libertad.

 

En agosto de 2015 avisé en el trabajo que en octubre abandonaba todo. Nadie me creyó. De hecho al momento muchos compañeros no pueden creer cómo no me morí trabajando en Noticias 3 de Febrero. Le ponía mucha energía y al principio me gustaba el hecho de poder ayudar personas o entidades mediante la escritura. Al final no aguanté la ansiedad y el 14 de agosto abandoné el trabajo después de cubrir unas elecciones primarias. Finalicé mi labor a las 2 de la mañana y con cierta nostalgia, en medio de una intensa lluvia y acompañado por un colega, recorrí algunos lugares representativos de mi barrio hasta llegar a mi casa. Allí abracé a mi mochila. En un momento cargado de emotividad, en donde todavía tenía la opción de volver sobre mis pasos, le dije nuevamente “Sí” a este Sueños de Mochila.

 

DE LA ESTABILIDAD A LA INCERTIDUMBRE

 

Todo fue muy rápido. De pronto me levantaba para ir a viajar y no para ir a trabajar. De pronto entraba en estado de temor al tener que saludar a mis viejos con un “hasta luego” sin saber cuánto tiempo podría prolongarse esta aventura. La acción de bajar las escaleras que me separaban de su cuarto se hacía interminable, situación que se registró en tres ocasiones porque me fui y volví con la premisa de salir nuevamente a las rutas.

 

 



Norte argentino, el debut

 

Cuatro meses duró la primera experiencia en el norte argentino en la cual, durante muchos tramos, estuve solo pero me sentí acompañado. Siempre estaba entretenido. Todo me generaba curiosidad y cada logro era una inmensa satisfacción. Recuerdo con mucho cariño esas sensaciones. Por aquel entonces que me levanten en la ruta, que me den una parcela para acampar, que me inviten una comida o inclusive a un hogar, me generaba una alegría enorme porque podía constatar que esa hospitalidad que tanto mencionan exponentes nómadas existía.

 

 

 

Por aquel entonces no viajaba con Couchsurfing y procuraba no tener gastos en alojamiento y transporte. De todas maneras, mi inexperiencia me llevaba muchas veces a tocar parte de los ahorros para encontrar facilidades. Cada día iba aprendiendo, innovando y animándome a diferentes cosas. Por ejemplo, una vez tomé coraje y empecé a hablar con las personas. Les contaba mi historia viajera y ofrecía postales de mi aventura obteniendo una interesante y motivante aprobación.

 

Una mañana, en Purmamarca, Jujuy, me levanté encaprichado y pensé por dentro “desarmo todo y me vuelvo a casa para rearmarme. Nada ni nadie me va a convencer de retomar mi vieja vida”. Resulta que cuando llegué a Buenos Aires, mediante mensaje mi ex jefe propuso reincorporarme al equipo de trabajo. Me sentí un desconocido al decirle “No” de forma tan rotunda con lo dubitativo que muchas veces soy. Era feroz mi convencimiento y no saben lo difícil que era tener un abanico de posibilidades en la estabilidad. Volver a jugarse por viajar, por la incertidumbre cuando lo tenía “todo”, todas las posibilidades según el ”manual” de aquellos que miraban desde afuera. En mi manual, el todo era ir en búsqueda de mi sueño viajero otra vez.

Sudamérica, el gran desafío

 

Me tomé un colectivo a Zárate y arranqué nuevamente. Esta vez fue un año y medio de Argentina a Venezuela, pasando por Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia. Al retorno, pasé por Chile y me encontré con quien hoy es mi pareja (para otro capítulo). Seguí sumando experiencias y reafirmando valores además de sumar nuevas herramientas para poder desarrollar mi viaje. Siempre haciendo dedo hasta en los países más difíciles con la paciencia que me caracteriza y obteniendo alojamientos mediante Couchsurfing, voluntariados o bien intercambiando trabajos en las redes sociales por cama y comida.

 

 

 

Una de las frases que me quedó patente y respeto mucho a la hora de viajar es “Reducir Necesidades”. En eso me fortalecí. Empecé a despojarme de todo lo innecesario. Menos tenes, menos peso llevas y no hablo de la mochila, hablo de la sumatoria de preocupaciones que conllevan las “necesidades”. Yo solo quería dormir, comer, viajar y conocer personas. Poder intercambiar ideas, vivencias. Desarrollar mi capacidad de discernir. Sumar la confianza necesaria para empezar a difundir las diversas historias que cruzaba en la ruta.

En Lima, Perú, a modo de cable a tierra cree la Fan Page “Sueños de Mochila” y me sumé a “Portal Mochilero”. Lo que empezó como un diario fue tomando forma hasta compatibilizar mis tres pasiones: viajar, fotografiar y escribir. 

 

Brasil, en pareja

 

En Brasil experimento viajar en pareja, algo que siempre vi lejano. Pensé que toda mi vida iba a viajar con compañeros circunstanciales que a la primera de cambio iban a quedar en el pasado. Amaba mi vida en solitario y después de tanto tiempo había naturalizado viajar solo. Lo cierto que, estando en Venezuela, tenía la opción de volver a Argentina por Boa Vista (Brasil) y completar una vuelta por Sudamérica, pero volví sobre mis pasos. Colombia, Ecuador, Perú (pasé de largo esta vez Bolivia) para ingresar a Chile.

 

 

 

El plan era encontrarme con Andrea y conocer Atacama. Luego, regresaríamos a Buenos Aires y cada uno seguiría con su vida. Lo cierto es que el paseo se extendió en primera instancia un mes y, luego de quedarnos dos meses en casa, decidimos nuevamente viajar juntos. Al momento por Brasil (llevamos poco más de cuatro meses) y luego quién sabe. Viajamos sin plan, sin apuros, tomando decisiones constantemente.

 

Ni ella ni yo imaginábamos esto, aunque a veces creo que alguna parte de mí lo buscaba. Les recuerdo que volví sobre mis pasos para encontrarme  con ella y por suerte el equilibrio, semana a semana, se va fortaleciendo. Ambos somos contemporáneos. Nos metimos casi en paralelo en este mundo y ambos estábamos gustosos de viajar de forma individual, pero una vida sin planes puede cruzarte con nuevas experiencias. Siempre anhelo que sean hermosas, como esta.

 

EL FUTURO

 

Es muy difícil establecerlo. No sé qué pasará, pero todos los caminos me llevan a la búsqueda de convertirme en un Nómada Digital. Si hay una tendencia, una actividad que sostengo desde el primer día es escribir y fotografiar. Voy en búsqueda de fortalecer éste Sueños de Mochila que sistemáticamente va creciendo.

 

Me gustaría ver la forma de tener un ingreso económico mensual por mi trabajo. Ese sería el gran sueño a corto plazo pero siempre manteniendo mi línea de difusión. El respaldo económico para invertir en materiales y comodidades que permitan mejorar mis presentaciones. Que me den el aire necesario para dedicarme de lleno a esto.

 

 

 

Sudamérica prácticamente me lo autosustenté vendiendo postales y con trabajos que se iban registrando en el camino. Esta nueva etapa, gasto poco y los ahorros que quedaron de mi época como periodista duran muchos meses. De todas maneras no es la idea llegar al punto de quedarme sin un peso. Por eso, a corto plazo, aunque sea freelance, voy en búsqueda de ser un trabajador a distancia remunerado.

 

 

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