Soy un joven periodista que decidió dejar su trabajo estable en los medios de comunicación, en búsqueda de cumplir su sueño de dar la vuelta al mundo. Todas mis experiencias son difundidas mediante textos e imágenes que cuentan con una perspectiva propia.

 

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Acerca de mí

© 2016 por Danel Ayesta. Producida con Sueñosdemochila.com

Cómo viajar por el mundo con trabajos fotográficos

Cada vez más viajeros se animan a transformar su gran pasión, su hobby, en una entrada de dinero y la fotografía no le escapa a esta tendencia. En el siguiente artículo, una serie de consideraciones a tener en cuenta para que, viajar haciendo trabajos fotográficos, sea posible.

 

 

Desde la oficina me deleitaba detrás del monitor observando los increíbles paisajes que trascendían en las redes sociales hasta que un día decidí retratar yo mismo. Llegó por correo, en primera instancia, una cámara automática y, cuando me empezaba a dar cuenta el fuerte gusto que sentía hacia la fotografía, fui por la réflex (Nikon d3100).

 

Fueron meses de uso laboral. Siempre buscando unas imágenes que acompañen a los artículos que por aquel entonces escribía para una agencia de noticias. Veía muchas cosas detrás de ese visor pero quería más. Quería otras zonas geográficas, otras historias, paisajes, estructuras y quería compartirlas con las personas.

 

Eran épocas de dudas. No se decide de un día para otro dejar la estabilidad para lanzarse a una aventura sin fecha de regreso. Por eso cuando tiré la idea de viajar vendiendo postales en la oficina fue un poco desmotivante escuchar a mis compañeros desestimando la idea. “La gente compra eso en locales, no a gente en la calle”, una de las tantas respuestas.

 

Pensé que tenían razón en la apreciación pero después, una vez en la ruta y con sensaciones de libertad, me volví a motivar. Hice una selección de archivos que me habían quedado en viajes de turista y me fui a una casa de revelados. No entendía cómo podía hacer yo mismo mi propia postal ni las herramientas que ofrecía el mercado. Sí sabía que podían ponerle un marquito blanco, así que salí finalmente a la guerra con el dorso de Fujifilm y de frente la imagen.

 

 

 

Así empecé y fueron las mejores épocas. Era el primer material pero, a su vez, el que más vendí. Dedicaba todas mis energías a eso y hacía un dinero considerable. En un día podía obtener lo necesario para estar tranquilo unas cuatro o cinco jornadas convirtiendo lo imposible en posible. ¿Cómo puede ser que la gente me compre? ¿Estaré dando tanta lástima que casi todas las mesas de los bares / restaurantes me dan por lo menos 10 pesos?

 

Después de pensar y repensar entendí lo que verdaderamente vendía y hoy, a dos años y medio de esa primera experiencia, lo sostengo: La Historia. La gente compraba la historia detrás de la foto. Compraba también el Sueños de Mochila y toda la energía, empeño que le ponía cada vez que encaraba. La postal se vendía a voluntad en cualquier lado, turístico o no turísticos, de alto poder adquisitivo o bajo.  

 

En el norte argentino, durante cuatro meses, fue el primer intento. Luego se extendió a Sudamérica por 1 año y medio y ahora, con el agregado de imanes, señaladores y algunos portarretratos, en tierras brasileñas.

 

Teniendo como parámetros las diversas experiencias y algunas consultas por las redes sociales, elaboré las siguientes consideraciones y tips para que tu trabajo fotográfico sea en parte o su totalidad un sostén viajero.

 

 

 

¿CÓMO PREPARAR EL MATERIAL? (Postales, Imánes, señaladores, cuadritos de acrílico)

 

Por lo menos en ciudades de Argentina, existen varias imprentas que hacen impresiones de postales en grandes cantidades a un bajísimo precio y muy bien trabajadas. El problema es que suelen partir de 50 copias, por lo cual no podrías obtener un trabajo diverso exceptuando que quieras hacer  1000 y llevar todo el peso en la mochila. Ahí tendrías unos 20 modelos.

 

En mi caso tenía mucho material y quería compartirlo todo o por lo menos el más bonito sin perder la relación precio - calidad. Encontré la solución: imprimir en hoja a3, papel ilustración con gramaje 200/300. Mediante algún programa de edición colocaba fotos 10x15. Un total de 8 imágenes entraban y luego, una vez consumada la impresión, cortaba con guillotina o tijera en el peor de los casos.

 

 

 

Trabajé con imprentas que a partir de la segunda hoja cobraban más barato. Aproximadamente, haciéndolo de esta forma, se obtiene una óptima postal que termina rondando entre 0.8 y 0.12 dólar de costo (frente y dorso). Yo las hice en capital federal y en otra ocasión encontré en grupos de “compra – venta” un particular que brindaba ese servicio.

 

En el caso de los imanes (generalmente a voluntad), compré una plancha en conjunto con una amiga y la dividimos. Las fotos las imprimí bajo la misma forma que las postales, pero al ser más pequeños me entraban más en la hoja a3 reduciendo el costo considerablemente. Cada imán no me cuesta más de 3 centavos de dólar.

 

Cuadritos de acrílico compré en Once, Buenos Aires. Al momento nunca me resultó efectivo. Se me estropearon por mal cuidado y desde el momento que levanté la mochila con 20 de ellos en su interior me di cuenta que resultó un error. Postales, imanes y cuadritos representaba mucho peso. Por youtube, en caso que paren un tiempo prolongado en algún lugar, hay tutoriales de cómo hacer cuadritos artesanales. Podría ser una buena salida.

 

CUÁNTO COBRAR LA POSTAL

 

Al principio le ponía precios. De hecho hacía combos, ofertas cuando superaban las 3. Un día, en la plaza de Andalgalá (Catamarca), un señor me dijo que eran muy baratas y me dio una considerable suma de dinero. Su gesto me hizo pensar y decidí cambiar la estrategia: A voluntad. Fue la mejor decisión. Difícilmente alguien me pago una foto por debajo de mi pretensión mínima.

 

 

 

De todas maneras me pasó en algunos países que la gente no entendía cuando pedía a voluntad. Se quedaban un poco boquiabiertos, pensando, entonces los guiaba un poco. La gente no sabe generalmente cuanto sale una postal. Cuánto le corresponde darte por el grato momento mezclando imágenes con historia, risas y charlas que se pueden extender varios minutos. Mientras más se extiende el buen

ambiente, las chances de vender aumentan.

 

GENERAR BUEN AMBIENTE

 

No vayas predispuesto a vender sí o sí. No hagas previamente cuentas matemáticas. Acercate con tu material con orgullo. Es tu trabajo que vos solo sabes cuánto tiempo te llevó. Vos solo sabes cuánto esperaste ese amanecer o a ese pájaro hasta que desplegó sus alas. Transmití eso y no te atemorices ante la primera mirada de negación. Muestra tu material con pasión y cuenta de ti. Al principio cuesta, te tiembla todo, pero cuando vendes la primera postal todo empieza a fluir.

 

 

 

Si tenes mucho miedo, apostá por el paño al principio. Armalo lindo, vistoso. Si estas sentado cuando se acercan te levantas. Sonreís. Agarras la postal o el manojo y se lo pones en la mano, mientras hablas, mientras también haces viajar a esa persona a través del relato. Si te sentís en un mal día, en donde las cosas no salen, cambia tus posturas. Colgate la cámara, descolgátela, andá a dar una vuelta. A veces el chip no está para arriba todo el tiempo y eso la gente lo percibe.

 

CAMINAR VS. PAÑO

 

Hay algo que noto en las personas que caminan con diferentes propuestas y es que, en su mayoría, cuando están bien predispuestos, casi siempre venden. Salir a buscar muchas veces es una garantía y con las postales lo fue. La mejor diferencia de dinero la hice caminando y no parchando a pesar de la desprolijidad que implicaba caminar.

 

 

Iba con un manojo de postales y las personas debían tener tiempo para verlas una por una. También se registraban momentos de destrato y esa pequeña porción de gente me llevó al paño. Si bien bajó el rendimiento siguió siendo productivo por momentos. Me gusta porque puedo desplegar todas mis fotos, imanes, señaladores y cuadritos. La gente pasa, observa, y las invito a quedarse sin compromiso.

 

BUSCA A TODOS, PERO SOBRE TODO A LOS NIÑOS

 

Los que más se sorprenden con las fotos son los niños. A veces me canso de ver la foto del burro con la gallina sacándole las pulgas, pero sé que debo conservarla por lo que genera. Los más pequeños, en su inocencia, se acercan constantemente mientras el padre los tironea. Seguramente, pensando en que tendrá la obligación de comprarme en caso que el chico pare a observar mí trabajo.

 

 

 

Cuando veo esas secuencias, automáticamente aclaro que es una exposición sin ningún compromiso. Que no hay ninguna necesidad de comprar y que me gusta compartir mi trabajo con los demás. Obviamente que el dinero me importa, pero no me ha servido ir desesperadamente tras él. Una vez que termina el relato llega el momento del “mangueo”.

 

A veces espero que consulten y en otras ocasiones pongo en la mano de las personas una serie de postales e imanes “a colaboración”, insisto. Si me miran con desconcierto o incómodos, aclaro que no tienen obligación. Me da cierta incomodidad poner en aprietos a la gente.

 

NO TODO ES DINERO

 

El dinero, ¿a qué va destinado? Generalmente, en mi caso, a comprar alimentos. Casi que el alojamiento está fuera de mi presupuesto y, al viajar haciendo dedo, también el transporte. Por tal motivo, si bien lo ejecuté en pocas ocasiones, no es mala idea apelar al intercambio sin dinero de por medio.

 

 

 

En Zumba (Ecuador), pueblito ubicado próximo a la frontera con Perú, fui al mercado y tuve buenas charlas con la gente que trabajaba. Me decían que la mano andaba floja y yo le regalé unas postales a unos niños que se habían acercado de forma curiosa al ver el manojo que llevaba.

 

Ese buen gesto resultó disparador para otro buen gesto. Los puestos juntaron fruta y verdura y me la obsequieron, mientras un amigo tocaba temas musicales y también recibía su parte. Esa conexión inicial fue muy buena y, lo más lindo, todos contentos. Circunstancialmente, nos metimos en su historia y ellos en la nuestra. 

 

VENTAJA: DIFÍCIL QUE TE MOLESTEN

 

Vender en la calle muchas veces trae sus riesgos. Alguna discusión o cara larga de personas que estén también parchando en las inmediaciones o bien la misma policía invitándote a retirarte o en el peor de los casos sacándote el material, aunque es difícil llegar a este punto. Lo bueno del material fotográfico, según mi perspectiva, es que no suele representar una competencia, una amenaza para los demás vendedores.

 

 

 

A mí una vez se me acercó la policía para pedirme que me corra de sector en el punto pico. Justo había un montón de niños sentados en semicírculo frente a mi paño escuchando mis historias, acompañados por sus padres. Hice caso al pedido, que fue emitido con mucha vergüenza y previo una disculpa por cortar el momento, y proseguí con los relatos.

 

OTRA FORMA DE TRABAJAR TU EQUIPO FOTOGRÁFICO

 

La cámara es un instrumento de trabajo que abre un abanico de posibilidades. Viajando conocí a varias personas que propulsaban diferentes iniciativas muy efectivas y adaptables para conseguir lo necesario a la hora de viajar. Por ejemplo, conocí personas que hacían fotos espontáneas, se acercaban al cliente, y les ofrecía transferir la imagen a voluntad mediante bluetooth. Recientemente lo hice con una pareja. Presencié el momento de la propuesta de matrimonio y disparé. Me gané 20 reales (6,3 dólar).

 

 

 

Otra forma, que suele ser muy efectiva, es tener la posibilidad de revelar la foto en el momento. Para eso existen las polaroid que imprimen al instante. Uno tiene la posibilidad de pactar con anterioridad con el cliente (el sistema es un poco costoso para arriesgar con sacar y después preguntar) y entregar el material en mano.

 

Tener una cámara, por ejemplo, muchas veces abre las puertas a algún voluntariado. En mi caso, ofrezco a los hospedajes vía mail o presencial, la posibilidad de hacer un banco de fotos para que ellos puedan usar en las redes sociales o bien en donde consideren. También las utilizo para acompañar textos publicitarios de aquella pousada que me esté extendiendo una mano.

 

TENER UNA OPCIÓN B

 

Es muy lindo trabajar con postales pero a veces cansa ser reiterativo con lo mismo durante un largo período. Me pasó y lo noté en muchos, por eso para evitar llegar al punto de frustración cuando no se da por diversos motivos que desconozco, es bueno también tener un plan B que nada tenga que ver con la cámara.

 

 

A la hora de viajar hay expresiones culturales o iniciativas que “siempre pagan” independientemente del estado de ánimo que uno presente. A modo de ejemplo, los malabares en el semáforo, la venta de comidas, etc.  Algún as bajo la manga que de respaldo económico para salir nuevamente a vender trabajos fotográficos suelto, sin tanto peso.

 

 

 

 

 

 

 

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